Cuando el silencio también es un camino
- patricia ciriaco hernandez
- 27 ene
- 2 Min. de lectura
Hubo un tiempo en el que creí que avanzar significaba hacer más.
Hablar más.
Explicarme más.
Sostener más de lo que mi cuerpo y mi alma podían.

Hoy sé que no era avance, era resistencia.
He aprendido —no desde la teoría, sino desde el cansancio profundo— que el silencio también es un camino.
Que detenerme no fue rendirme, fue escuchar.
Y que dejar de forzar fue el primer acto real de amor hacia mí.
Durante años sentí cosas que no supe nombrar.
Sensaciones, sueños, presencias, una percepción distinta del mundo que no encontraba lugar donde reposar.
Callé por miedo a no ser comprendida.
Callé por no incomodar.
Callé porque parecía más fácil dudar de mí que sostener lo que sentía.
El tiempo pasó, la vida pasó, las pérdidas llegaron, el cuerpo habló.
Y llegó un momento en el que ya no pude seguir empujando.
No fue una crisis repentina.
Fue un cansancio antiguo.
Hoy entiendo que muchas de las pausas que tomé no fueron abandono, sino orden.
Que el silencio que elegí no fue vacío, sino gestación.
Y que no tocar la computadora, no publicar, no insistir, fue una forma de cuidarme cuando nadie más sabía cómo hacerlo.
No busco convencer a nadie de nada.
No escribo para enseñar.
Escribo para recordarme.
Recordarme que no todo llamado viene con aplausos.
Que no todo camino es visible.
Que hay procesos que solo se sostienen desde la fe, la conciencia y la honestidad con una misma.
Hoy elijo una vida más simple.
Más lenta.
Más verdadera.
Elijo no estar donde mi cuerpo se tensa.
No hablar cuando mi garganta se cierra.
No forzar vínculos ni espacios que ya no resuenan.
Elijo confiar en que lo que es para mí sabrá encontrarme, sin persecución, sin desgaste, sin traición interna.
Si alguien llega a leer estas palabras y se reconoce, no es casualidad.
Y si no, también está bien.
Este texto no busca seguidores.
Busca coherencia.
Confío en que todo lo que se ordena desde la verdad encuentra su lugar sin ser forzado.
Dios sabe el tiempo.
Yo aprendo a respetarlo.




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